Archivos Septiembre 2008

El Lazo invisible - -Azar (Sub) (Discos Invisibles, 2007)

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Como si se extinguiera este disco empieza y acaba. Discreto, ambiental, intimista. Microtexturas de un universo que cabe en una gota de agua. De sus acercamientos a la indietrónica y a la fusión, José Ignacio López (aka el Lazo Invisible) ha ido mutando hacia un estilizamiento de sus texturas al punto que en sí mismas estas se llevan las palmas. En vivo ha mostrado su eficiencia con sonidos más estruendosos pero siempre ricos en detalles y formas. En -Azar (Sub) explora más bien una suerte de sonido muzak sumergido y reverberante, fugaz, que en su extrema amabilidad consigue hipnotizarte, te seduce. Sirva de muestra las notables "Te compro un refresco" o "Discretamente en el Haiti" que pueden evocar tanto a Brian Eno como a los momentos más distendidos del "Nave sin puertos" de Silvania. José Ignacio, quien radica en la ciudad de Tijuana, México, dirige además el sello y netlabel Discos Invisibles, donde ha editado éste y otros discos y viene preparando algunas otras publicaciones de proyectos peruanos y latinoamericanos en general de los que en adelante estaremos informando. Esperamos prontas noticias de nuevo material de El Lazo Invisible.

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Luis Alvarado

 

Pestaña - Alive - Delicado Sónico - Three Way CD (Ya Estás Ya, 2007)

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El rollo de Leonardo Bacteria es más o menos claro: con Pestaña quiere divertirse y hacer pop. Siempre anda sacando discos, sean tributos, sean suyos, siempre tiene algo nuevo bajo el brazo. El año pasado editó este three way cd que comparte con Alive de España y Delicado Sónico de México. Los tres están en la misma línea del pop electrónico. A los tres debe gustarles las mismas bandas.

A Bacteria no le gusta que lo asocien con el llamado tonti pop español (que ha servido de referencia a la hora de hablar de ese pop entre irreverente y absurdo tipo Superputa o La monja enana) y se siente más cómodo con su propia autodesignación: "electroestupidez". Bacteria suele decir que le irrita la pretensión de quienes hacen música y se sienten iluminados, tocados por la gracia. Y en eso estoy absolutamente de acuerdo: todos podemos hacer música! Valoro su burla contra esa solemnidad de mucha música experimental, sin hablar del ego de quienes la producen. Lástima que una canción como "Odio el post rock" (de su grupo Pestaña) termine siendo más un disparate que un manifiesto. El gesto sin embargo es loable.

Pestaña es el lado pop de Bacteria (recuerden que Insumisión, su proyecto anterior, transitaba por el gabber y el digital hardcore con buenos resultados), y siempre ha costado tomarlo en serio. La traducción de cierto sonido español en versión local a veces resulta medio postiza, aunque hay que reconocer que Bacteria se ha encargado de contaminar esa cosa inocentona del pop con letras dipsómanas y cachosas, que suelen ser lo mejor. "El Mapa" o "Tu maleta se parece a mi maleta" tienen su encanto, aunque a veces el elementalismo (que no es lo mismo que austeridad) de la música colme mi paciencia. Tema aparte son sus cantantes, el encanto de Adri Vainilla es inapelable.

El culto que guarda por el rock en español tiene una cosa nostálgica, como una extensión de una época, la de los 80s, que fue fructífera en Lima en el plano creativo. Alaska y Size (el legendario grupo mexicano precursor del punk y el postpunk en Latinoamérica) son revisados en sendos covers, dos imágenes de irreverencia. Y bueno, una cosa es cierta, estos dos grupos no fueron precisamente los modelos que los grupos limeños de la movida subterránea tuvieron en los 80s, que tenían una orientación más hardcore.

La simpleza de las canciones de Pestaña llega a ser irritable. Y en ocasiones esa irritabilidad parece traer devuelta el mejor espíritu de su líder Leonardo Bacteria. En sus últimos conciertos Bacteria está incorporando nuevamente el sonido gabber y digital hardcore, mezclándolo con pop. Dos mundos aparentemente antitéticos, pero no hay mezcla que no funcione sino hasta que se pruebe y en tal sentido la audacia de Pestaña entusiasma, ojalá sigan ahondando más en ello. Sé que ya tienen nuevo disco, próximo a  editarse en México. He podido escuchar algunos temas y la verdad el asunto va en ascenso.  

 De Alive sólo diré brevemente que están en la línea de Entre Ríos, muy dulces y suavecitos, a veces demasiado. Delicado Sónico hacen bien lo suyo y para no quedarse atrás nos ofrecen otro cover de Size (insisto, un grupo absolutamente recomendable), el hit "El diablo en el cuerpo", que gran tema!

Luis Alvarado

Beatita Noise: Culto a la Melchorita de Jab Lemur

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Imagina que de pronto llegas a un planeta extraño, con criaturas raras, con un lenguaje raro y que tienes que comunicarte y adaptarte para sobrevivir. Ahora imagina los dilemas de un migrante que llega a la ciudad. O mejor, imagina que llegas a un lugar donde no conoces a nadie. Una fiesta por ejemplo, donde no hablas con nadie.

Jab Lemur ha hecho un disco sobre ese proceso de conflictiva integración. Su Culto a la Melchorita (Aloardi, 2008) es la alegoría de esa llegada a un planeta extraño. Y es un álbum conceptual, al modo de los clásicos discos de rock progresivo o rock sinfónico, donde el concepto del disco está por encima de los temas, y donde cada tema se ajusta a una idea central. Cuando digo un disco conceptual no estoy hablando de un disco-objeto o un disco metatextual, etc, este es mas bien un disco narrativo, donde nos están contando una historia, como si leyéramos un cuento de hadas o una historia de terror, a la manera de aquellos discos de rock progresivo llenos de historias épicas, medievales y mitológicas.

Musicalmente Culto a la Melchorita no tiene nada que ver con el rock progresivo, se trata en realidad de un disco de noise. De ese noise abrasivo y exasperante que tiene un pie puesto en la música industrial y que en otros lados llaman powers electronics. Lo curioso de este disco es que el noise, que es la quintaesencia del "no músico" aparece aquí bajo el formato del rock progresivo que es la quintaesencia del "músico". Una combinación que nos hace pensar en cómo ciertos extremos se tocan. Algo tiene el rock progresivo y el noise que los hermana: será por esa capacidad maximizada de hacer sentir el sonido como una secreción real del propio músico, una extensión física de este.

Culto a la Melchorita es el séptimo disco editado por Jab Lemur en cerca de un año de aventura musical en estos rubros (antes era guitarra de una banda de rock). Y poco a poco ha ido aprendiendo a manejar sus herramientas. Todos sus discos pueden oírse o descargarse desde Internet, algunos a través de net labels extranjeras (Ruidemos, Clinical Archives). Lo del disco para libre descarga se ha vuelto una gran alternativa para la difusión de mucha música experimental de la escena local ante la carencia de lugares de venta de este tipo de material.

Hay algunos aspectos reconocibles en los discos de Lemur. Sin duda le gusta contar historias, pues prácticamente todos sus discos tienen en común un relato subyacente que linda con lo insólito o fantasioso (historias de zafaris, invasiones alienígenas,  princesas) siempre pervertidos por una suerte de sensibilidad lúdica que hace ver sus trabajos como travesuras sonoras y experimentos de infante en un día de encierro. Esa sensibilidad juguetona es un rasgo que puede apreciarse en mucha música electrónica experimental actual hecha por nuevas generaciones, incluso localmente, quizá como respuesta a tanta cultura de virtualidad y de videojuegos, al punto que el hecho mismo de manipular un mando o un teclado ya no parezca distinguible entre una y otra experiencia.

Pero así como hay esta clave lúdica también está ese componente abstracto y agresivo propio de esa naturaleza sonora del noise. Este Culto a la Melchorita me hizo recordar al Information Overload Unit (1981) de los australianos SPK (padres del noise) pero despojado de la sordidez y escatología característica de SPK. A Lemur le obsesiona la idea de la saturación. La imagen que construye de la Melchorita (imagen sagrada de arraigo popular), es eso: él la llama la Beata de la saturación. En ese sentido el uso de guitarras eléctricas procesadas funciona muy bien porque intensifica el clima psicodélico, lo hace inquietante y ayuda a crear esa ilusión de caos. Los esbozos de chirriantes melodías elevan el asunto a un plano de sobredosis. Las bases graves, enterradas y reventadas hacen las veces del llamado a un ritual, es el único sonido que puede juzgarse de estable y que hace interesante al disco por esa nota tribal (un elemento que obsesiona a Lemur), que lo liga a la música industrial.

Es interesante la cuestión del formato. Culto a la Melchorita dura 1 hora con 21 minutos. Pero se presenta como un sólo disco. Una pequeña revolución en la extensión habitual de los discos producida por la aparición del mp3 y las netlabels. En la red la música no tiene que regirse por los formatos de los discos físicos. Hay un nuevo territorio allí en proceso de legitimarse.

 

Emergencia

La preocupación por los discursos populares tanto de intelectuales como de artistas en lo últimos años ha puesto en evidencia lo que era obvio: la emergencia de una cultura migrante en Lima que ya ha atravesado muchas barreras sociales y se ha hecho más notoria que nunca. Jab Lemur también quiere hacer eso evidente y al hacerlo hace visible una fricción compleja que es lo que hace a su disco una verdadera pesadilla: Si el ruido es ese elemento que perturba un orden establecido también es cierto que el ruido es una interferencia de la comunicación, un grado cero del lenguaje, algo ajeno a nuestra comprensión. Si con el ruido reivindicamos una cultura emergente entonces hay que asumir que al mismo tiempo se está haciendo evidente esa interferencia que es el quid del asunto.

Que un estilo musical como el noise ingrese en la discusión de lo popular (y de la manera en cómo lo hace Jab Lemur) es una señal de un problema complejo: la falta de comunicación real entre esa cultura emergente y la establecida (ahora que está tan de moda la cumbia y ha llegado a todos los estratos sociales). En todo ese proceso algo importante se pierde, un puente se nos escapa, y deberíamos tomar conciencia de eso. El ruido de Culto a la Melchorita, suena como una sirena que nos pone alerta, y hace un retrato de como han sido las cosas en Lima: una verdadera fiesta del ruido.  


Luis Alvarado

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Audiosesion - Variables Continuas

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Algunas fotos de nuestra ultima audiosesion..


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Wilder Gonzales

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Pulso Adolescente

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